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OCAÑA Y OTRAS CENTRALES

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El Ecuador, privilegiado por la naturaleza, posee ríos con gran caudal en las estribaciones de la cordillera de los Andes, tanto al occidente como al oriente, aparte de otros invalorables recursos. Estas fuentes hídricas, bajo la iniciativa y acción de este Gobierno, son aprovechadas para generar energía eléctrica, un elemento vital para el desarrollo de nuestro país y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de las centrales termoeléctricas, las cuales producen un alto índice de contaminación ambiental y, adicionalmente, la energía producida es costosa.

Con estas consideraciones amerita resaltarse que, con la presencia del primer mandatario, Rafael Correa, se puso a funcionar la central hidroeléctrica Ocaña, en un paraje occidental de la provincia del Cañar, aprovechando las aguas del río del mismo nombre. Este complejo, que genera 26 megavatios de “energía limpia”, constituye un factor de ahorro en subsidios que asume el Estado por la provisión de energía termoeléctrica, debido al elevado costo de combustibles utilizados. Con esta central en funcionamiento, el Sistema Nacional Interconectado, SNI, se verá incrementado y estará en condiciones de atender la creciente demanda de electricidad en el país.

A la central de Ocaña habría que sumar el potencial energético representado por estos complejos: Coca-Codo Sinclair, Toachi-Pilatón, situados en el centro de la región interandina; Mazar y Amaluza (central Molino) en servicio, Sopladora en construcción y Cardenillo en estudio, cuatro centrales situadas en tramos del sinuoso río Paute. Conviene citar también el proyecto Minas-San Francisco, para el cual se aprovechará las aguas del Jubones.

Las perspectivas de crecimiento energético en el país son muy halagadoras, al significar expansión, bajo costo del fluido, ausencia de contaminación ambiental y, además, como ha expresado el Presidente de la República que la meta, al incorporarse estas centrales al SNI, es que el Ecuador, en el 2015, esté en condiciones de vender energía a los países vecinos; y en el 2016, el 93 por ciento del abastecimiento energético del país provenga del sector hidroeléctrico.

Este es un avance impulsado por el actual Régimen, que redunda en beneficio de los ecuatorianos y constituye una relevante y alentadora acción. No cabe duda de que el progreso del Ecuador depende, en gran medida, de su potencial energético.

 

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